Solo 100 judíos en Siria: el reto de comer kosher en Damasco
El drama de los pocos judíos que quedan en Siria con su comida kosher
Imagínate vivir en una ciudad antigua como Damasco, donde hace décadas miles de judíos llenaban las calles, y ahora solo quedan menos de cien en toda Siria. Es una realidad durísima que me deja pensando en cómo se mantienen las tradiciones cuando casi no queda nadie para compartirlas.
El mayor lío ahora es la comida kosher. ¿Qué es eso? Pues son las normas judías estrictas sobre qué se puede comer y cómo prepararlo, para que sea puro según su religión. Sobre todo con la carne: cordero, ternera o pollo, pero solo si la mata un carnicero judío certificado.
Por qué es tan complicado en Damasco
Bakhor Shamntoub, el líder de la pequeña comunidad judía Mussawi en Siria, me ha impactado con su historia. Antes había carniceros judíos en el barrio Al-Qassaa, pero se fueron del país. Ahora, aunque un carnicero musulmán lo haga perfecto, no vale: tiene que ser judío.
Además, el cuchillo debe ser súper afilado, como de diamante puro, para un corte rápido que no haga sufrir al animal. Luego revisan todo: soplan en los pulmones para ver si está enfermo, y si el bicho se ha lesionado antes, ni tocarlo. Reglas que salvan vidas, pero que hoy son imposibles de seguir localmente.
De dónde sacan la carne ahora
Antes de la caída del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024, traían kosher de Turquía. Eso se cortó. Hoy Shamntoub viaja él mismo, o llegan paquetes de familiares en Estados Unidos. Los pocos visitantes judíos traen más y lo guardan en neveras.
Quiere revivir la producción local: traer un carnicero judío y montar neveras. Pero restaurantes kosher completos? Ni loco, dice. Solo hay como 15 o 20 judíos de paso al mes. El hotel Semiramis en la Ciudad Vieja ha abierto una zona judía, con carne de fuera y utensilios nuevos al 100%, porque nada usado vale.
Los dueños de restaurantes, entre el sí y el no
En la Ciudad Vieja de Damasco, los restauradores están divididos. Algunos dicen que no, que los sitios son para todos, no segregados. Otros ven el problema económico: tan pocos judíos y turistas no pagan mataderos especiales ni chefs certificados.
Lo peor: seguridad. Cuando el Semiramis anunció su zona kosher, llovieron amenazas online de extremistas. "No podemos abrir esa puerta", dice uno. Aunque otros sueñan con atraer a la diáspora judía mundial si el turismo crece.
Mientras, los judíos comen pescado, que es más fácil, o vegetariano como hummus o ful en restaurantes normales. Shamntoub lo hace así él mismo.
¿Cómo te afecta esto a ti?
Quizás pienses que está lejísimos, pero muestra lo frágil que son las minorías en zonas de conflicto. Si viajas a Siria o Oriente Medio, entender estas normas te ayuda a respetar culturas. Y globalmente, nos recuerda que el turismo puede revivir tradiciones perdidas, beneficiando economías locales y paz.
Mi opinión personal
Me parece conmovedor el esfuerzo de Shamntoub y su gente por no perder su identidad. En un mundo tan conectado, ojalá el turismo judío ayude a Siria a renacer. Pero la seguridad es clave; sin ella, todo se complica. Admiro su resiliencia, es inspirador.
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