Ocho amigos compran una casa en Japón por 11.000 euros: no es un error

24/10/2026 12:45 | 201 visitas
Ocho amigos compran una casa en Japón por 11.000 euros: no es un error

Imagina terminar la carrera, tener la maleta medio hecha para mudarte a San Francisco y, de repente, acabar siendo copropietario de una casa de nueve habitaciones en Japón. Pues eso es exactamente lo que le pasó a Hilary Tang, una joven de 23 años nacida en Hong Kong, que un verano cambió el plan de su vida por una idea que le contó un amigo: en Japón hay miles de casas vacías que nadie quiere y que se venden por casi nada.

Se llama akiya y es uno de esos fenómenos que explican medio país sin necesidad de muchos gráficos. La historia, contada por ella misma, tiene algo de aventura y bastante de cabeza fría: ocho personas, un presupuesto compartido y una vivienda en Hiroshima que llevaba cinco años cerrada y vacía.

Qué es una akiya y por qué se regalan casi

El término akiya significa, literalmente, casa vacía. Son viviendas abandonadas, muchas en zonas rurales o en pueblos que se van quedando sin gente joven. El motivo es sencillo de entender: Japón tiene una población que envejece y las ciudades grandes absorben a casi todo el mundo. Cuando el dueño de una casa fallece y los hijos ya viven lejos, la propiedad se queda parada, nadie la mantiene y el pueblo pierde vecinos.

Muchos municipios las publican en lo que se conoce como akiya banks (bancos de casas vacías, un listado público con fotos y precios). Los números que se manejan en el país hablan de millones de viviendas en esta situación, así que no es raro encontrar chalets enormes por el precio de un coche usado. Aviso importante: barato no significa gratis. Detrás hay impuestos, comisiones y reformas que pueden arruinar la cuenta.

Una casa por 1,8 millones de yenes... y regateada

El grupo empezó siendo seis personas. La idea original era del amigo japonés de Hilary Tang, que primero quiso comprar con compañeros del instituto. Cuando aquellos se echaron atrás, lanzó la propuesta al grupo de la universidad. Casi nadie quería entrar: la mayoría lo veía como un riesgo demasiado raro. Al final se animaron cinco personas del mismo campus, más dos amigos japoneses que se sumaron después de ver la casa en plena reforma, y una persona de Corea del Sur. Total: ocho dueños.

Antes de mirar una sola casa, se sentaron a hablar de lo que querían. Salieron tres condiciones: naturaleza cerca, acceso sencillo (incluso con aeropuerto internacional a mano, porque hay miembros en Estados Unidos), y una zona con mejor clima y menor riesgo de terremoto y tsunami. El resultado fue Hiroshima.

La vivienda estaba anunciada por 3 millones de yenes y se cerró en 1,8 millones, es decir, unos 11.400 dólares. Sumando comisiones y gastos de gestión, la operación completa se quedó en unos 2,3 millones de yenes. Para que te hagas una idea del cambio: hablamos de una cifra que en muchas capitales europeas no cubre ni la entrada de un piso pequeño. Y ojo al dato, porque es de los que sorprenden: la casa tiene unos 315 metros cuadrados construidos y casi 500 de terreno, con nueve habitaciones de estilo japonés con suelo de tatami (las esteras de fibra vegetal típicas) y dos habitaciones de estilo occidental.

Una reforma de 1.100 euros y un detalle de suerte

Aquí llega la parte que menos se espera. El presupuesto inicial para reformar era de 4.000 dólares, y luego se amplió hasta los 20.000 al sumarse más socios. A principios de octubre, el gasto real en obra no llegaba a 1.300 dólares. La razón: la casa estaba mucho mejor de lo que pensaban.

El anterior propietario murió hace unos cinco años y, según los vecinos, era un hombre muy cuidadoso con la limpieza hasta el final. Eso se notó. En vez de levantar el suelo entero o cambiar todos los tatami, se limitaron a pintar, arreglar cortinas y luces, instalar un detector de incendios y poner aire acondicionado (en Hiroshima el verano aprieta y el invierno también, y las casas de madera no aíslan demasiado bien).

El detalle curioso: no vieron la casa en persona antes de comprarla. El tiempo era tan justo que hicieron la compra con un vídeo del agente inmobiliario. Llegaron, eso sí, con el grupo al completo y con padres incluidos, que echaron una mano con las tareas. Desde entonces van aproximadamente un fin de semana al mes y ya se plantean alquilarla en algún momento.

¿En qué te afecta esto aunque vivas a 10.000 kilómetros?

Pues afecta más de lo que parece, y por tres vías.

La primera es la del precio de la vivienda. Esta historia no significa que puedas comprarte una casa en Japón por cuatro perras y sin complicaciones: significa que existen mercados paralelos con reglas distintas. Saber que hay viviendas abandonadas con precios simbólicos te ayuda a entender que el problema no es solo que falte suelo, sino cómo se reparte y quién lo mantiene.

La segunda es la del modelo. Ocho personas comprando juntas un inmueble es una formula que aquí también empieza a verse, sobre todo entre gente joven que no llega sola a la hipoteca. Funciona si hay reglas claras desde el minuto uno: quién paga qué, quién decide las obras y cómo se sale del acuerdo si alguien se cansan.

La tercera es la más humana. Las akiya son el síntoma visible de pueblos que se vacían. Y eso nos pasa en media Europa, con comarcas enteras perdiendo habitantes mientras las capitales se saturan. Cuando veas una casa cerrada en tu pueblo, ya sabes de qué estamos hablando.

Mi opinión

He de confesar que este tipo de noticias me dejan una sensación agridulce. Por un lado, me encanta el atrevimiento: gente de 23 años montando una especie de comuna rural en Japón con cuatro mil duros demuestra que mucha de nuestra queja sobre la vivienda es real, pero no siempre inevitable. Por otro, hay algo incomodo en que la solución pase por irse a un sitio que se está quedando sin vecinos y comprarlo barato, casi como quien reserva un refugio de fin de semana.

Lo que si me parece valioso es la parte de conversación previa. Se sentaron a hablar de expectativas antes de meter dinero, y eso es exactamente lo que se salta la mayoría de la gente cuando compra con amigos o en pareja. Ahí, y no en el precio, está el verdadero aprendizaje.

Y un último apunte: el precio de la vivienda esta por las nubes en casi todas partes, pero la información sigue siendo gratis. Antes de firmar nada raro, pregunta, lee y pregunta otra vez. A ser posible, con alguien que no tenga prisa por venderte una casa.

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Fuente original: businessinsider.com

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