China planta cara a EEUU y la UE con la cartera en la mano

24/10/2026 18:45 | 133 visitas
China planta cara a EEUU y la UE con la cartera en la mano

Vamos a ponernos en situación. Imagina que tienes un socio con el que llevas años compartiendo experimentos en el laboratorio y, de repente, ese socio decide que ya no quiere que sus científicos trabajen contigo. Pues algo así acaba de pasar entre Estados Unidos y China, y el gigante asiático no se ha quedado callado.

El MOFCOM, que es el Ministerio de Comercio de China (por sus siglas en inglés, Ministry of Commerce, para que nos entendamos), ha cargado duramente contra Washington por poner trabas a la cooperación científica con instituciones chinas. Y lo ha hecho sin pelos en la lengua: considera que es un intento deliberado de dinamitar una colaboración que llevaba funcionando bastante bien.

Una represalia que ya está sobre la mesa

Aquí viene lo interesante. El portavoz del ministerio no solo ha protestado, sino que ha anunciado que China tomará "las contramedidas necesarias". Traducido a lenguaje de calle: si tú me cierras la puerta de tu laboratorio, yo también voy a mirar con lupa lo que me conviene dejar abierto.

Conviene recordar que la ciencia, hoy en día, es un asunto muy globalizado. Un descubrimiento médico hecho en Pekín puede acabar salvando vidas en California, y al revés. Cuando se rompen esos puentes, los que pierden no son solo los gobiernos, sino también los investigadores y, a la larga, el resto de nosotros.

La otra amenaza: Europa también aprieta

Y no solo llegan golpes desde el otro lado del Pacífico. En Bruselas también se han puesto nerviosos. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea (el órgano ejecutivo de la Unión Europea, o sea, el gobierno de los Veintisiete), ha vuelto a advertir de nuevas medidas comerciales más duras contra China.

El detalle curioso es que esas amenazas llegan justo después de unas negociaciones que habían costado lo suyo y en las que se había avanzado bastante. Los analistas chinos lo ven como un tiro en el pie: endurecer el discurso puede estropear acuerdos recién cerrados sin resolver de verdad los problemas industriales que arrastra Europa.

Las cuentas chinas van viento en popa

Mientras unos amenazan, otros suman. Los datos oficiales de los tres primeros trimestres de 2026 dejan un número que impresiona: los ingresos del presupuesto público general de China alcanzaron los 17,23 billones de yuanes, lo que equivale a unos 2,56 billones de dólares.

Para que te hagas una idea de la escala, el yuan es la moneda china y un billón de yuanes ya es una cifra mareante. Pues aquí hablamos de más de diecisiete. Ese dinero es el que sostiene carreteras, hospitales, escuelas y subsidios en un país de más de 1.400 millones de personas.

El yuan quiere jugar en la liga de las grandes monedas

Y hablando del yuan, en el Foro de la Calle Financiera de Pekín se ha hablado mucho estos días de ampliar su uso internacional. Expertos y funcionarios coinciden en que la moneda china está ganando terreno en el comercio mundial y que ese avance beneficia a empresas que quieren facturar sin pasar por el dólar.

En paralelo, la reunión de ministros de Finanzas de APEC —el foro de cooperación económica de Asia y el Pacífico, que agrupa a veintiuna economías ribereñas del océano— se cerró en Hong Kong con un comunicado conjunto y varios acuerdos prácticos. Nada revolucionario, pero sí señal de que las tuberías del dinero siguen funcionando.

Y de fondo, el consumo

Otro dato que ayuda a leer el ambiente: con el arranque del Doble 11, el festival de compras online más grande del mundo y el equivalente chino del Black Friday, los pagos digitales se han disparado. Es decir, la economía interna se mueve, aunque sea a base de descuentos y clics.

¿En que te afecta esto?

Puede parecer que todo esto pasa muy lejos, pero no. Si vives en España o en cualquier país europeo, estas tensiones se cuelan en tu día a día de tres maneras bastante concretas.

La primera, el precio de la tecnología. Cuando EEUU, China y la UE se lanzan aranceles y restricciones, las cadenas de suministro se retuercen y eso acaba notándose en el coste de un móvil, un coche eléctrico o una placa solar.

La segunda, el empleo. Muchas empresas europeas venden en China y muchas fábricas dependen de componentes chinos. Un cierre de puertas comerciales se traduce, tarde o temprano, en ajustes de plantilla.

La tercera, la innovación. Si la cooperación científica se rompe, los avances médicos y tecnológicos se ralentizan. Y eso, aunque no lo veas en la nómina, sí lo notas cuando esperas un tratamiento nuevo.

Mi opinión

Voy a ser sincero. Me da la sensación de que estamos en una especie de partida de póker en la que cada jugador enseña sus cartas, pero nadie quiere apostar de verdad. China responde con firmeza porque le conviene mostrarse fuerte en casa, Estados Unidos aprieta porque tiene elecciones y necesita gestos, y Europa oscila entre el discurso duro y la necesidad de vender.

Lo que me preocupa no es el rugido, es el silencio posterior. Cuando las puertas se cierran de verdad, los que se quedan fuera son los científicos, los estudiantes y las pequeñas empresas. Creo que a todos nos iría mejor si, en lugar de tanto titular de guerra comercial, alguien se sentara a explicar qué se gana con volver a abrir esos puentes. Porque la ciencia, como el comercio, funciona mucho mejor cuando circula.

Y mientras tanto, toca seguir mirando el precio de la luz, del móvil y del coche. Que no es política exterior, pero casi.

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Fuente original: globaltimes.cn

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