Brasil se la juega: Lula ya no es favorito y el apellido Bolsonaro vuelve a escena

25/10/2026 04:45 | 64 visitas
Brasil se la juega: Lula ya no es favorito y el apellido Bolsonaro vuelve a escena

Lo que nadie esperaba: Lula, en apuros

Hay veces que una elección se decide meses antes y otras en las que todo se rompe en una sola noche. Esto segundo es lo que le ha pasado a Brasil, que este domingo vuelve a las urnas para elegir presidente en una segunda vuelta que, sobre el papel, no debería existir.

El favorito era Lula da Silva. Con 80 años, el veterano líder izquierdista se presentaba con casi todas las encuestas a su favor, buscando un cuarto mandato y alargando una carrera política que lleva marcando el rumbo del país más de dos décadas. Hasta aqui, la historia conocida.

Pero la primera vuelta no salió como estaba previsto. Su rival, Flávio Bolsonaro, rindió mucho mejor de lo que auguraban los sondeos y forzó una segunda cita electoral. Y no es un rival cualquiera: es el hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, la figura que ha dividido al país en dos mitades durante años.

Que es exactamente una segunda vuelta

Para quien no siga la política brasileña, conviene aclarar el sistema. En Brasil no basta con ganar: si ningún candidato supera el 50 por ciento de los votos válidos en la primera ronda, los dos más votados se enfrentan de nuevo unas semanas después. Es lo que allí llaman segundo turno y aquí conocemos como segunda vuelta o balotaje.

Es un mecanismo que obliga a pactar, a sumar apoyos y, sobre todo, a movilizar a los votantes que en la primera cita se quedaron en casa. En un país con más de 200 millones de habitantes y un electorado enorme, esos votos escondidos valen oro.

El giro a la derecha que recorre la región

El contexto tampoco ayuda al candidato oficialista. En los últimos años, varios países de América Latina han ido virando hacia opciones de derecha, y Brasil es la pieza más grande del tablero. Si el gigante sudamericano cambia de color, el mapa político de toda la región se reinterpreta.

A eso se suma el malestar ciudadano. La preocupación por la seguridad y por la corrupción aparece una y otra vez en las conversaciones de calle, y ambos temas pesan más que cualquier discurso económico. La campaña, además, se ha vuelto dura, con cruces de acusaciones, disputas legales y ataques personales en lugar de propuestas concretas.

¿En qué te afecta esto?

A simple vista parece una noticia lejana, pero no lo es tanto. Brasil es la mayor economía de América Latina y uno de los principales socios comerciales de España y de la Unión Europea. Lo que se decida en las urnas influye en el precio de materias primas como el café, la soja o el mineral de hierro, y por tanto en la cesta de la compra y en la factura energética.

También importa en el plano migratorio y diplomático. Un cambio de gobierno puede reordenar alianzas internacionales, afectar a acuerdos comerciales pendientes y cambiar la posición brasileña en foros como el clima o la energía. Y para las empresas españolas con inversiones allí, el resultado es una variable directa en sus cuentas.

Incluso para quien no invierte ni exporta, hay un efecto indirecto: la estabilidad política de la región suele mover los mercados de deuda y divisas, y eso acaba notándose en cualquier cartera, por pequeña que sea.

Mi opinión

Reconozco que me cuesta ver esta segunda vuelta sin cierta inquietud. No por el resultado en si, sino por cómo se ha llegado hasta aqui. Cuando un candidato que se presentaba como favorito termina siendo el perseguido, suele significar que la sociedad ha cambiado más rápido de lo que los analistas supieron leer.

Y me preocupa el tono. Las campañas basadas en el miedo y en el descrédito del rival ganan votos a corto plazo, pero dejan sociedades agotadas y desconfiadas. Brasil merece un debate sobre como mejorar la vida de su gente, no solo sobre quien es peor.

Dicho esto, también creo que el apellido Bolsonaro no explica todo. Que el hijo haya rendido tan bien dice menos de su figura y más del desgaste de quienes llevan demasiado tiempo en el poder. Esa es, quizá, la lectura más incomoda y la mas útil.

Que mirar el domingo

Más allá del ganador, hay tres cosas que conviene seguir. La primera, la participación: si la abstención es alta, el resultado pierde legitimidad y eso se nota después en la gobernabilidad. La segunda, el margen de victoria: un resultado ajustado deja un país partido y un gobierno con las manos atadas.

La tercera, y quizá la más importante, es si el perdedor reconoce el resultado sin tardar. En elecciones tan polarizadas, esa palabra final vale tanto como los votos. En un par de días saldremos de dudas.

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Fuente original: edition.cnn.com

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