El crucero de lujo que naufragó por la guerra: desalojan a los pasajeros que vivían a bordo
Imagina que un día decides venderlo todo, comprar una cabina en un barco y pasar el resto de tus días navegando por el mundo. Eso es exactamente lo que hicieron los residentes del Villa Vie Odyssey, un crucero de lujo que llevaba más de dos años dando vueltas al planeta sin parar. Pero lo que parecía un sueño eterno se ha roto de golpe.
La empresa propietaria, con sede en Florida (Estados Unidos), anunció este martes que suspendía operaciones en Camboya y que estaba buscando alojamiento temporal para todos los pasajeros, muchos de los cuales habían comprado su camarote y vivían allí de forma permanente. El motivo no es otro que la factura del combustible, que se ha vuelto imposible de pagar.
La guerra con Irán dispara los costes
Según ha explicado la compañía, desde que comenzó el conflicto con Irán a finales de febrero, han intentado ahorrar de todas las formas posibles: navegando más despacio, pasando más tiempo atracados en puerto... pero nada ha sido suficiente. El aumento de los precios del combustible ha sido tan brutal que ya no podían seguir asumiendo las pérdidas.
Para que te hagas una idea, el coste mensual de combustible por cabina ha pasado de unos 1.800 dólares a la friolera de 8.000 dólares en algunas zonas de Asia, una región que importa mucha energía de Oriente Medio. Y claro, trasladar toda esa subida a los residentes no era una opción realista.
La empresa dice que está trabajando en una reestructuración y recapitalización para los próximos dos meses, pero avisa de que no hay nada asegurado. Mientras tanto, los pasajeros han tenido que bajar del barco con menos de un día de aviso.
Un hogar flotante que se apaga
El Villa Vie Odyssey es un barco de 640 pies de eslora (unos 195 metros) que se describe a sí mismo como un lugar "íntimo" para vivir de una forma completamente nueva. Su plan era visitar más de 400 destinos mientras daba la vuelta al mundo sin detenerse. La experiencia no era barata: una residencia de cinco años empezaba en 59.999 dólares, y una cabina permanente costaba 119.999 dólares. Además, los propietarios pagaban cuotas mensuales de entre 3.299 y 9.500 dólares que cubrían comida, bebida, wifi, visitas médicas, limpieza y otros gastos.
Holly Hennessy, una de las pasajeras que llevaba a bordo desde que el barco zarpó, ha contado que la situación ya era tensa desde la guerra. En mayo les pidieron pagar un recargo por combustible, y el barco había reducido la refrigeración para ahorrar energía, lo que habría hecho la estancia bastante incómoda. Aun así, Hennessy dice que la oportunidad de vivir en el barco no tenía precio: "No era sostenible tal y como estaba montado, pero eso no disminuye los recuerdos, la aventura, los momentos tan especiales de haber sido un verdadero ciudadano del mundo".
Otra residente, Sharon Lane, una jubilada de California que invirtió todos sus ahorros en su cabina, declaró a CNN en junio que pensaba vivir en el Odyssey mientras siguiera funcionando. "Esto es un hogar. Simplemente vivo y amo el barco", decía entonces. Ahora, ese hogar se ha apagado.
¿En qué te afecta esto?
Puede parecer una historia lejana, de gente rica con un estilo de vida excéntrico, pero lo cierto es que este caso es un termómetro de algo mucho más grande. La subida del combustible provocada por un conflicto internacional no solo afecta a los cruceros de lujo: encarece el transporte de mercancías, los vuelos, la calefacción y, en definitiva, la vida de todos. Lo que le ha pasado a este barco es un recordatorio de que la geopolítica, esa cosa de la que hablan los políticos como Donald Trump o Vladimir Putin, termina tocándonos el bolsillo de formas que ni imaginamos.
Mi opinión personal
Reconozco que estas historias me dejan un sabor agridulce. Por un lado, me parece una pasada eso de vivir en un barco y despertarte cada día en un país distinto. Por otro, me da mucha pena que un proyecto tan ilusionante se vaya al garete por culpa de una guerra que no tiene nada que ver con esos pasajeros. Es la prueba de que, por mucho que intentemos aislarnos en nuestra burbuja de lujo, el mundo siempre encuentra la manera de colarse por la puerta. Y también me hace reflexionar sobre la fragilidad de los sueños cuando se construyen sobre precios volátiles como el del petróleo. Ojalá la reestructuración salga bien y estos trotamundos puedan volver a su hogar flotante, aunque sea con las velas remendadas.
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