Guerra interna en el Gobierno británico por el gasto en defensa: un ministro carga contra un diputado de su propio partido

29/10/2026 16:45 | 175 visitas
Guerra interna en el Gobierno británico por el gasto en defensa: un ministro carga contra un diputado de su propio partido
El Reino Unido tiene un lío en su propio equipo de gobierno y no precisamente con la oposición. El ministro de Defensa, Wes Streeting, ha salido al ataque contra un diputado de su mismo partido, el laborista Tanmanjeet Singh Dhesi, por haber puesto en duda la gestión económica del Ejecutivo en materia militar. Un choque entre compañeros de filas que ha dejado a más de uno con la boca abierta en el Parlamento.

Qué pasó exactamente

Dhesi, diputado por la localidad de Slough y presidente del Comité Selecto de Defensa de la Cámara de los Comunes, había advertido la noche anterior de que las decisiones importantes sobre cómo reforzar el ejército británico se habían retrasado "lamentablemente" hasta la próxima revisión de gasto, prevista para el año que viene. Traducido a lenguaje de calle: el diputado viene a decir que el Gobierno habla mucho de invertir en defensa, pero a la hora de la verdad no concreta ni cuándo ni cómo se llega a ese famoso 3 por ciento del PIB (el Producto Interior Bruto, o sea, toda la riqueza que genera un país en un año) que se destinaría al ejército. Y su aviso no fue precisamente suave. Vino a decir que, si estalla un conflicto serio, el país podría quedar "seriamente vulnerable".

La respuesta del ministro: ni un paso atrás

Preguntado por esas críticas en la Cámara de los Comunes, Streeting no se anduvo con rodeos. Las calificó de "completamente infundadas" y dejó claro que se lo diría a la cara al propio presidente del comité. Eso sí, lo hizo con una mezcla curiosa de firmeza y colegueo: reconoció que Dhesi es "un buen amigo" y que acepta las críticas cuando son justas, pero que rechaza "con rotundidad" las que considera equivocadas. Su argumento de defensa es que este Gobierno ya ha tomado decisiones y que está impulsando el aumento del gasto militar más rápido desde el final de la Guerra Fría. Y todo eso, según él, no en años futuros, sino ya, con los dos primeros años de legislatura sobre la mesa.

El detalle que se le escapa a mucha gente: qué es eso de la revisión de gasto

Aquí conviene pararse un momento, porque el palabrerío técnico se come la noticia. Cuando en el Reino Unido se habla de una "spending review", se refieren a una revisión del gasto público: una especie de gran reparto presupuestario en el que el Gobierno decide cuánto dinero va a cada cosa durante los próximos años. El problema que señala Dhesi es que, si las decisiones de defensa se van a esa revisión, cualquier plan concreto se queda en el aire durante meses. Y ahí llega su frase más contundente: los adversarios del país "no están atados a los años fiscales ni a los ciclos de gasto". O dicho de otra forma: los malos no esperan a que tú cierres los papeles.

El conservador que aprovecha el fuego amigo

Como era de esperar, la bronca interna no tardó en ser utilizada por la oposición. El responsable de Defensa del Partido Conservador, James Cartlidge, cargó contra Streeting por su tono. A su juicio, es "totalmente inapropiado" y "una falta de respeto total" que un ministro se dirija así al presidente de un comité parlamentario. Y añadió un recado envenenado: si Dhesi se atrevió a preguntar de dónde va a salir el dinero para llegar a ese 3 por ciento, es porque el ministro de Economía, John Healey, sigue sin presentar un plan. Cartlidge incluso recordó que Healey dimitió en su día por ese mismo asunto, un detalle que deja la sensación de que en el Ejecutivo nadie termina de ponerse de acuerdo.

Ucrania, el punto en el que todos coinciden

En medio del rifirrafe, hay un tema en el que las aguas parecen calmadas. Dhesi quiso dejar claro que el comité que preside respalda el apoyo continuado del Reino Unido a Ucrania, y recordó que la opinión pública británica mantiene su respaldo a Kiev de forma firme. También avisó de que harán falta "algo más que promesas" para convertir las ambiciones del Gobierno en realidad. Otra puya directa, aunque envuelta en educación.

¿En qué te afecta esto?

A simple vista parece un lío de despachos y trajes, pero tiene consecuencias bastante reales. Para empezar, el dinero público es el mismo bolsillo para todo. Si el Reino Unido decide subir el gasto en defensa hasta ese 3 por ciento del PIB, ese dinero tiene que salir de algún sitio: o se suben impuestos, o se recorta en otras partidas como sanidad, transporte o ayudas sociales. Y eso, antes o después, llega a la vida diaria de la gente. En segundo lugar, hablamos de seguridad. Un país que retrasa sus decisiones militares año tras año se expone a comprar tarde, peor y más caro. Y en un contexto con la invasión de Ucrania todavía coleando, la sensación de fragilidad se nota también en los precios de la energía y en la confianza de los mercados. Y para los países vecinos, lo que haga el Reino Unido con su ejército marca el paso de la OTAN: si Londres se retrasa, otros aliados también dudan. Aunque vivas lejos de todo esto, la foto de la defensa europea termina afectando a la economía global.

Mi opinión

A mí me da la sensación de que aquí el problema no es tanto el dinero como la falta de un calendario claro. Un ministro puede enfadarse todo lo que quiera, pero cuando el que te critica es alguien de tu propio partido y preside precisamente el comité que vigila lo que haces, la respuesta más inteligente no es decir que la crítica es infundada, sino sacar un papel con fechas y cifras. También me chirría ese tono de "se lo diré a la cara", porque suena mas a defensa personal que a gestión pública. Y ojo, que Streeting tiene parte de razón cuando dice que ya se ha aumentado el presupuesto: eso es verdad y conviene reconocerlo. Pero una cosa es gastar más y otra muy distinta es tener un plan creíble para lo que viene. Al final, lo que se deduce de todo esto es que el Gobierno británico quiere mandar un mensaje de firmeza hacia fuera mientras por dentro no termina de aclararse. Y en temas de seguridad, esa ambigüedad se paga cara. Tambien conviene recordar que los ciudadanos no votan presupuestos abstractos: votan decisiones que acaban tocando su sanidad, su transporte o su factura de la luz. Asi que, más allá del cruce de declaraciones, la pregunta de fondo sigue sin respuesta: ¿cuándo habrá un plan de verdad y quién lo va a pagar?

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