Cuatro novelas para entender las guerras secretas del siglo XX

30/10/2026 14:45 | 144 visitas
Cuatro novelas para entender las guerras secretas del siglo XX

Hay semanas en las que uno se sienta a leer cuatro novelas y acaba entendiendo mejor el mundo que con veinte telediarios. Me ha pasado con estas cuatro novedades, que llegan en apariencia como simple entretenimiento pero que tocan fibra: la traición, los servicios secretos, las revoluciones que se apagan a cañonazos y la manía de los gobiernos de decidir por nosotros.

Empiezo por la que mas me ha removido, porque arranca con una escena que cualquier persona con un amigo íntimo va a sentir como un puñetazo.

Cuando el Estado te pide que vigiles a tu mejor amigo

Levin's War, de Stephen Glover, nos presenta a Daniel Levin y Robert Upton, dos hombres que se salvaron la vida mutuamente durante la Segunda Guerra Mundial. Diez años después, todo se ha torcido. Daniel se ha convertido en un comunista convencido, escribe en el Daily Worker (el periódico histórico del Partido Comunista británico) y vive con angustia su homosexualidad, que en aquella época era delito en Reino Unido.

Robert, en cambio, ha escalado posiciones en el Foreign Office, es decir, el ministerio de Asuntos Exteriores británico. Y ahí empieza el drama: descuida a su esposa artista mientras mantiene una relación con una amante poderosa.

El momento clave llega cuando el MI5 le pide a Robert que espíe a Daniel. Para que nos entendamos: el MI5 es el servicio de inteligencia interior del Reino Unido, algo así como la policía secreta que vigila lo que pasa dentro del país. No confundir con el MI6, que es el que actúa fuera de las fronteras. Que un organismo así llame a tu puerta y te pida información sobre tu amigo de juventud no es una anécdota, es una máquina de destruir personas.

1956: el año en que el mundo se rompió en dos sitios a la vez

Aquí conviene pararse, porque mucha gente ha oído hablar de la Guerra Fría pero no tiene claro qué pasó exactamente. La novela se apoya en dos terremotos que ocurrieron casi al mismo tiempo en 1956.

El primero es la crisis de Suez. Egipto decidió nacionalizar el canal de Suez, una vía de agua artificial que conecta el Mediterráneo con el mar Rojo y por la que pasa una parte enorme del comercio mundial. Reino Unido, Francia e Israel respondieron con una invasión militar. El resultado fue un desastre diplomático: Estados Unidos y la Unión Soviética se pusieron de acuerdo, cosa rarísima, para exigir la retirada. Reino Unido quedó retratada como una potencia venida a menos.

El segundo es el levantamiento de Hungría, cuando miles de húngaros salieron a la calle para sacudirse el control de Moscú. Los tanques soviéticos lo aplastaron en cuestión de días. Dos golpes en el mismo año que dejaron claro quién mandaba de verdad en cada bloque.

Con ese fondo, la novela de Glover funciona como un mecanismo de relojería: dos amigos, dos lealtades y un país que ya no sabe qué defender.

Una detective octogenaria y una conspiración de sufragistas

Cambio radical de registro con The Shadows of Kensington Gore, de Ross Montgomery. Su protagonista es Decima Stockingham, una señora de más de ochenta años con muy mal genio y una mente privilegiada. Es una de las mejores detectives de la época eduardiana, o sea, el periodo que va justo después de la muerte de la reina Victoria, a principios del siglo XX en Reino Unido.

La buena mujer está harta de resolver robos de cubertería perpetrados por mayordomos. Así que cuando asesinan a un policía en la puerta de su casa, y todo apunta a un grupo de sufragistas radicales, se lo toma casi como un regalo. Las sufragistas eran las mujeres que luchaban por el derecho al voto femenino, y algunas de ellas pasaron de las pancartas a la acción violenta.

Como Decima va en silla de ruedas, quien se juega el tipo es su ayudante, un joven cockney (el término con el que se conoce al londinense de barrio popular). El libro tiene un punto delicioso de humor seco y un final bien atado.

Finlandia, una sierra de madera y un cadáver que se resiste

The Fresh Cut, del finlandés Antti Tuomainen, es la más inclasificable de las cuatro. Heikki Nevalainen regenta un aserradero que se hunde, en la Finlandia rural, y debe una cantidad brutal de dinero a un gánster local llamado Ismo Sippo. Cuando el mafioso envenena a su propia esposa y le pide a Heikki que use el aserradero para deshacerse del cuerpo, el hombre no ve salida.

El problema es que la esposa, Annaleena, despierta antes de llegar a la trituradora de madera. Y quiere venganza.

Es una comedia negra muy bien armada, con secundarios memorables, entre ellos un comprador de madera belga enamoradizo y aficionado a la buena mesa. Quien conozca la serie Fargo reconocerá el tono: humor incómodo, violencia torpe y personajes que toman decisiones espantosas con total naturalidad.

Una agente literaria, una tormenta y un manuscrito demasiado oportuno

Cierro con Revenge Plot, de Stephanie Wrobel. Claudia Conway, agente literaria, pasa la Navidad sola en una cabaña de lujo en las montañas Catskill, en el estado de Nueva York, completamente nevada. Un coche se estrella frente a la puerta. Dentro van Arnie, un padre soltero, y su hijo Theo, de seis años.

Ella los acoge. Y entonces descubre que Arnie es un escritor aspirante que lleva un manuscrito bajo el brazo. Ahí se enciende la bombilla: el accidente no fue casualidad.

El planteamiento es conocido, pero el giro desconcierta. Es una sátira inteligente del mundo editorial, aunque el final se queda corto para todo lo que promete.

¿En qué te afecta esto a ti?

Puede parecer que cuatro novelas no cambian nada tu día a día, pero hay hilos que sí te tocan de cerca.

El primero es la vigilancia. La historia de Levin's War no es ficción antigua: los Estados siguen pidiendo colaboración a ciudadanos normales para espiar a otros ciudadanos. Entender cómo funciona ese mecanismo te ayuda a leer con criterio las noticias sobre espionaje, filtraciones y leyes de seguridad.

El segundo es el precio de la energía y del comercio. Cuando se bloquea un canal como el de Suez, sube el coste de los productos que llegan a tu supermercado. Aquella crisis de 1956 sigue explicando por qué hoy hay tantos barcos y tantos intereses militares en esa zona del mundo.

El tercero es más sencillo: si buscas lecturas para las próximas semanas, estas cuatro cubren espionaje histórico, misterio clásico, comedia negra nórdica y suspense doméstico. Cuatro registros distintos por menos de lo que cuesta una cena.

Mi opinión sin filtros

Si tengo que mojarme, me quedo con la de Glover. No porque sea perfecta, sino porque es la única de las cuatro que me ha dejado pensando en algo incómodo: hasta qué punto estamos dispuestos a traicionar a alguien cercano si nos lo pide alguien con una placa y una excusa patriótica. Ese dilema no ha caducado, todavia hoy se repite en muchos países.

La de Tuomainen es la que más me ha divertido, aunque reconozco que el humor finlandés no es para todo el mundo. Hay quien lo encuentra glacial y quien lo encuentra hilarante. Yo estoy en el segundo grupo.

La de Montgomery me ha ganado por el personaje. Una detective anciana, malhablada y en silla de ruedas que resuelve lo que la policía no sabe ni por dónde empezar. Ojalá más protagonistas así.

Y con la de Wrobel tengo sentimientos encontrados. La premisa es buena, la crítica al mundo de las editoriales es afilada, pero ese final me dejó con la sensación de que la autora tenia prisa por cerrar. Una pena, porque el resto merece mucho la pena.

Si algo saco en claro de estas cuatro lecturas es que las mejores novelas de intriga no hablan de espías ni de asesinos. Hablan de gente corriente a la que un día le cambian las reglas y tiene que decidir qué hace con lo poco que le queda.

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