Durante décadas, la OTAN se ha defendido como quien coloca barricadas en una carretera: esperar a que el enemigo llegue y frenarlo en la frontera. Pero eso, según un informe del Wall Street Journal, se ha quedado viejo. La alianza militar que agrupa a 32 países, y que en español conocemos como OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), está estudiando algo bastante más agresivo: lanzar ataques de precisión muy lejos, dentro del propio territorio de Rusia.
Suena fuerte. Y lo es. Pero antes de que nadie se lleve las manos a la cabeza, conviene entender qué significa exactamente y por qué se plantea.
El cambio de mentalidad: del muro al arquero
La idea tradicional era sencilla: si alguien intenta cruzar la frontera, le paramos. Punto. Sin embargo, los estrategas de la OTAN han llegado a una conclusión distinta tras casi cinco años de guerra en Ucrania: con solo bloquear el avance no basta.
Imagina que tienes un arquero disparándote flechas. Puedes esconderte detrás de un escudo, sí, pero seguirá disparando. La alternativa que ahora se plantea es ir a por el arquero. En lenguaje militar lo llaman golpe profundo de precisión y consiste en atacar no solo a las tropas que cruzan la línea, sino tambien sus bases, sus depósitos de suministros y sus fábricas militares situadas cientos o miles de kilómetros más allá.
Todo esto se habló en el primer Simposio de Ataque Profundo de la alianza, celebrado en junio y dirigido por el general de la Fuerza Aérea estadounidense Alexus Grynkewich, uno de los mandos militares más altos de la OTAN.
¿Qué es un misil de crucero y por qué importan tanto?
Aquí entra la tecnología. Los protagonistas de esta estrategia son los misiles de crucero y los cohetes de precisión. Te lo explico rápido para que no te pierdas: un misil de crucero es un proyectil que vuela de forma horizontal, como si fuera un pequeño avión no tripulado, con un motor de reacción. Eso le permite recorrer grandes distancias a baja altura y colarse por donde no lo esperan. Los misiles balísticos, en cambio, suben muy alto y caen en picado.
Entre los nombres que suenan están los Tomahawk (estadounidenses, muy famosos desde la primera Guerra del Golfo en 1991), los ATACMS (cohetes que se disparan desde camiones Himars) y los europeos Storm Shadow, Scalp y Taurus. Europa, que llevaba años por detrás en este terreno, ahora corre para fabricar modelos nuevos. Según el investigador Fabian Hoffmann, hay al menos 48 proyectos de misiles de crucero de bajo coste en marcha, con 20 fabricantes implicados.
Eso sí, aviso: muchos de esos proyectos no llegarán a buen puerto y los que lo hagan tardarán años en entregar armas de verdad.
Ucrania ya lo está haciendo
Esto no es teoría. Ucrania lleva tiempo aplicando esa misma lógica contra Rusia. Con sus propios misiles Flamingo, de fabricación nacional, ha golpeado refinerías de petróleo, plantas de baterías para drones, productores de combustible para cohetes e incluso centros de datos en territorio ruso.
Su embajadora ante la OTAN, Alyona Getmanchuk, lo resumió con una frase que me pareció brillante: la defensa aérea es como un analgésico, alivia los síntomas, pero hay que atacar la fuente del dolor.
El general polaco Ireneusz Nowak añadió que si Ucrania hubiera tenido estas capacidades al principio del conflicto, la guerra no habría acabado en trincheras como en la Primera Guerra Mundial.
El problema: los políticos no lo ven igual
Y aquí llega el punto delicado. Los militares tienen claro que la defensa incluye atacar. Pero muchos expertos dudan de que los dirigentes europeos estén dispuestos a asumir una respuesta así. Nico Lange, exjefe de gabinete del Ministerio de Defensa alemán, habla abiertamente de una desconexión entre el plan militar y los políticos, que creen que defenderse es solo levantar un muro.
Mientras tanto, Vladimir Putin sigue lanzando ataques de largo alcance contra Ucrania, combinando golpes quirúrgicos con la destrucción masiva de infraestructuras civiles. Y ojo, que Estados Unidos también usó este enfoque contra Teherán este año.
¿En qué te afecta esto?
Puede parecer un debate lejano de generales con mapas, pero no lo es tanto. Si la OTAN apuesta por esta doctrina, los países europeos tendrán que invertir mucho más en armamento de largo alcance, y eso sale del presupuesto público de cada país. Traducido: menos dinero para otras cosas y más tensión geopolítica en el continente.
Además, una estrategia así sube el tono del pulso con Moscú. Y aunque la intención declarada es disuadir, es decir, evitar que la guerra estalle, cualquier error de cálculo en un escenario tan caliente puede tener consecuencias serias para todos.
Mi opinión
Reconozco que cuando leí la noticia me quedé pensando un rato. Entiendo la lógica militar, de verdad que la entiendo, y la frase del arquero me parece muy potente. Pero también me da la sensación de que estamos normalizando un lenguaje que hace unos años habría sonado a ciencia ficción.
El detalle que más me preocupa es el que apunta Nico Lange: la brecha entre lo que planean los militares y lo que están dispuestos a firmar los políticos. Porque una estrategia de disuasión solo funciona si el adversario se la cree. Y si Putin sospecha que Europa no apretará el botón, el efecto se desinfla por completo. En fin, que toca seguir mirando de cerca todo esto.