Ocho socialistas entran en el Congreso de Estados Unidos y nadie sabe como pararlos

05/11/2026 02:45 | 96 visitas
Ocho socialistas entran en el Congreso de Estados Unidos y nadie sabe como pararlos

Ocho nuevos diputados que asustan al establishment

Cuando Hakeem Jeffries saltó al escenario de Washington D.C. el martes por la noche, lo hizo con la sonrisa de quien se acaba de coronar. Detrás sonaba Biggie Smalls, rapero y vecino de barrio suyo en Brooklyn, y él soltó la frase que todos esperaban: "Estados Unidos ha vuelto". Jeffries será el próximo presidente de la Cámara de Representantes, el equivalente a nuestro presidente del Congreso. Y anunció que las elecciones de mitad de mandato (los llamados midterms, que se celebran a mitad del mandato presidencial) habían sido "un cambio de época". El país, dijo, había gritado basta al extremismo. El problema es que ese "basta al extremismo" no significa lo mismo para todos dentro de su propio partido.

¿Qué es la DSA y por qué importa tanto?

Vamos primero con las siglas, porque aquí se usan todo el rato. La DSA son las siglas de Democratic Socialists of America, es decir, los Socialistas Democráticos de América. Es una organización política que no es exactamente un partido, sino un movimiento que presenta candidatos dentro del Partido Demócrata. Piensa en ellos como la versión estadounidense de una izquierda que va mucho mas allá de la socialdemocracia clásica. Pues bien: en el Congreso que se estrena el 3 de enero habrá al menos ocho miembros de la DSA. En la legislatura anterior eran dos. Se ha multiplicado por cuatro. Entre los elegidos hay una mujer que llegó a defender "un mundo sin cárceles ni policía" y que pidió literalmente abolir la frontera. Y no es un caso aislado.

El Senado tampoco se libra

Chuck Schumer, el otro peso pesado de Brooklyn y futuro líder de la mayoría en el Senado, va a tener a su lado a Abdul El-Sayed, elegido en Michigan como el primer senador musulmán de la historia del país. Es, probablemente, el senador mas a la izquierda que ha salido nunca de las urnas. Y por muy poco no le acompaña una socialista declarada mas: Angie Nixon perdió su carrera por el Senado estatal de Florida por un margen muy estrecho. Para Ashik Siddique, copresidente del comité político nacional de la DSA, todo esto es música celestial. Y lo dice sin cortarse un pelo: "Estos resultados no son un fuego artificial", explicó. La militancia de su organización ha pasado de 6.000 personas en 2016 a 130.000 hoy. En este ciclo presentaron mas de 200 candidatos en distintos niveles, desde lo local hasta el Congreso.

La nueva cara del Congreso

La que va a capitanear al grupo de recién llegados es Darializa Avila Chevalier, una neoyorquina de 32 años que sigue los pasos de Alexandria Ocasio-Cortez (a la que todo el mundo conoce como AOC, por sus iniciales). En 2020 tuiteaba cosas como que "la piromanía asociada al anarquismo me parece muy interesante", pedía fronteras abiertas y el cierre de las prisiones. Esos tuits han sido borrados. Ahora dice que ha madurado y que su rival en las primarias vive anclado en el pasado. Eso sí, cuando le preguntaron directamente si un asesino debería estar en la cárcel, esquivó la pregunta.

El pulso con Trump y el detalle de las siglas

El-Sayed no esperó ni a jurar el cargo para lanzar dardos. En su discurso de victoria se dirigió a sus rivales republicanos con sorna: al senador saliente le deseó una buena jubilación con sus dos yates en Florida. Y a Donald Trump le dejó una pulla memorable, recordándole que tenía problemas para pronunciar su nombre: "Después de que me tomen juramento, puede llamarme simplemente senador". Hay otra cosa que conviene explicar: la DSA se felicitó porque, según ellos, han conseguido mover el debate. Ponen como ejemplo que hace diez años pedir la abolición del ICE (Immigration and Customs Enforcement, la agencia federal de control de inmigración) sonaba a locura y ahora tiene apoyo popular. O que el lema "Free Palestine" (Palestina libre) era marginal y hoy, aseguran, hay mayorías partidistas a favor de un embargo de armas a Israel.

¿Guerra civil dentro del Partido Demócrata?

Es la pregunta que sobrevuela todo. Grant Reeher, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Syracuse, lo resume con humor: "El chiste viejo sobre los demócratas es que cuando necesitan un pelotón de fusilamiento, se colocan en círculo". Reeher cree que la formación tendrá que decidir si su mensaje central son los temas económicos o si se deja arrastrar por las batallas culturales que empuja el ala mas radical. Lincoln Mitchell, de la Universidad de Columbia, es mas optimista y cree que hablar de guerra civil es "demasiado dramático". Recuerda el caso de AOC: llegó con un discurso incendiario y a los pocos meses entendió que o peleaba con Nancy Pelosi o se volvía relevante. Y añade un aviso con retranca: si la nueva diputada de su distrito se pelea con Jeffries y no trae nada a casa, ya hay candidatos afilando los cuchillos para las primarias de 2028.

¿En qué te afecta esto?

A simple vista parece un culebrón político americano, pero tiene consecuencias bastante reales para cualquiera que viva en España o en Europa: Lo primero, la política exterior. Si esta nueva bancada gana peso, la ayuda militar de Estados Unidos a Israel y el papel de Washington en conflictos como el de Ucrania pueden tambalearse. Y eso mueve gobiernos, precios de la energía y mercados. Lo segundo, la economía. Estos diputados han hecho campaña por cosas como Medicare for All (sanidad pública universal), guarderías gratuitas y vivienda asequible. Si eso se convierte en ley, cambia el modelo económico de la primera potencia mundial, y lo que pasa allí acaba salpicando a medio planeta. Lo tercero, y esto es curioso: piden moratorias sobre los grandes centros de datos de inteligencia artificial. Es decir, que la regulación de la IA que tanto nos afecta aquí puede decidirse, en parte, en ese Congreso.

Mi opinión

Me parece fascinante y un poco alarmante a la vez. Fascinante porque demuestra que el sistema político americano, que solemos ver como rígido, se está moviendo de verdad. Y alarmante porque hay algo de postureo en todo esto: gente que hace cinco años tuiteaba barbaridades y ahora las borra y pide el voto con cara de estadista. Dicho esto, tengo la sensación de que muchos de estos nuevos diputados se van a comer la realidad con patatas. Llegar al Congreso es fácil comparado con conseguir que una sola ley salga adelante. Y ahí, en el barro de los números y los acuerdos, es donde se verá si el discurso era convicción o simplemente marketing electoral. Lo que tengo claro es que Jeffries y Schumer no lo van a tener cómodo. Y que lo que pase en Estados Unidos en los próximos dos años lo vamos a notar todos, aunque no queramos.

Lo que está por venir

El 3 de enero se jura el cargo. Jeffries prometió una cosa: "Hoy empieza el gran regreso americano". Y remató: "Esto no es un momento azul ni rojo, es un momento rojo, blanco y azul, porque esta noche ha ganado Estados Unidos". La DSA, por su parte, lo vio de otra manera. En la red social X escribieron una frase que resume su estado de ánimo: "El socialismo puede ganar en Estados Unidos". Veremos si tenían razón o si, como suele pasar, la política se encarga de bajar los humos a todo el mundo.

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