Europa quiere vetar a los soldados rusos, pero se topa con un lío burocrático enorme

06/11/2026 10:45 | 149 visitas
Europa quiere vetar a los soldados rusos, pero se topa con un lío burocrático enorme

Medio millón de nombres y casi ninguno en el ordenador

Te lo cuento como me lo contaron a mi: Ucrania ha pasado a las autoridades europeas la identidad de más de 500.000 soldados rusos. La idea es sencilla y lógica: si un combatiente vuelve del frente y quiere darse una vuelta por Europa, mejor saber quien es antes de que pase la frontera.

Hasta aquí todo suena bien. El problema llega cuando uno mira los números reales. Después de casi un año de trabajo, los países de la Unión Europea han metido en el sistema compartido de fronteras menos del 1% de esos nombres. O sea, casi nada.

Ese sistema se llama SIS, por sus siglas en inglés de Sistema de Información de Schengen. Es, en palabras llanas, la base de datos común que consulta el guardia de la frontera cuando te mira el pasaporte. Si tu nombre aparece ahí, no entras.

El problema no es la falta de ganas, es la ley

Aquí viene el detalle que casi nadie explica. El SIS no se pensó para meter a tropecientos mil militares extranjeros que ni siquiera han pisado Europa. Se diseñó para casos individuales, uno a uno, con su expediente y su motivo.

La norma exige que cada país haga una evaluación personal de cada persona. Es decir, no vale con coger la lista ucraniana y subirla en bloque como quien sube fotos al movil. Hay que valorar si ese señor concreto supone una amenaza para la seguridad pública o nacional. Y luego firmar una decisión formal.

Multiplica ese trabajo por 500.000 y entenderás por qué esto va tan lento. Los funcionarios de países como Alemania, Lituania, Polonia o Chequia llevan meses picando piedra nombre a nombre.

Un diplomático europeo lo resumió con sinceridad: en este momento no hay nada mejor que meter a esta gente en el SIS, porque es el sistema más eficaz que tenemos. Y cuando un país mete un nombre, el aviso vale automáticamente para los demás.

Un precedente parecido, pero mucho más pequeño

Esto ya pasó con antiguos miembros del Estado Islámico. Se hizo, sí, pero hablamos de unos cientos de personas, no de cientos de miles. La escala cambia todo.

Además hay un detalle curioso que añade trabajo inútil: dado el enorme número de bajas rusas en el frente, es probable que una parte de esos nombres ya corresponda a personas fallecidas.

Francia e Italia frenan, pero por motivos distintos

El asunto del veto a los combatientes rusos estuvo a punto de reventar las negociaciones del último paquete de sanciones contra Rusia, aprobado en julio. Se suavizó por la insistencia de Italia y Francia.

El texto final no prohíbe directamente la entrada a los excombatientes, sino que deja esa medida condicionada a una serie de mecanismos que la Comisión Europea está preparando. Podrían presentarse en el próximo consejo de Asuntos Exteriores, previsto para el 16 de noviembre.

El miedo de Italia es muy terrenal: que sus consulados se colapsen intentando identificar a exmilitares rusos entre los solicitantes de visado, y que luego les lluevan demandas judiciales. Francia, según los diplomáticos, parece haberse movido de postura.

El caso es que Roma queda en una posición algo incomoda. Uno de los principales sospechosos del intento de ataque con dron en el aeropuerto de Leipzig entró en la Unión Europea con un visado turístico emitido por el consulado italiano en Minsk.

Lo que viene: libreta militar y pasaporte biométrico

Entre las ideas sobre la mesa hay una bastante concreta. Un documento interno de la Comisión propuso ampliar la lista de papeles que los rusos deben presentar para pedir un visado, incluyendo la libreta militar para los hombres en edad de ser llamados a filas.

El riesgo evidente es que Rusia falsifique esas libretas o directamente invente identidades. Por eso países como Chequia solo dejan entrar a rusos con pasaporte biométrico, que es mucho más difícil de trucar.

La solución de fondo pasaría por reformar el Código de Fronteras de Schengen y el Código de Visados. Eso permitiría pasar de listas individuales a categorías enteras de personas consideradas una amenaza. La Comisión tiene previsto proponer esa revisión a principios de 2027.

Mientras tanto, también hay otra vía abierta: limitar más los movimientos de diplomáticos y personal consular ruso, que muchos ven como una carga de seguridad en plena ola de ataques híbridos.

¿En qué te afecta esto?

A simple vista parece un problema entre Gobiernos. Pero piensa en lo práctico.

Si viajas por Europa, este tipo de bases de datos es la que decide si pasas el control rápido o te quedas media hora en un despacho de la frontera. Cuanto más grande y desordenada sea la lista, más posibilidades de que alguien acabe marcado por error.

Y si tienes familia, amigos o negocios en países del este, la lentitud de estos trámites también se traduce en controles más largos, más preguntas en el aeropuerto y más papeleo en los consulados.

Hay otra cosa importante: la seguridad no es un interruptor. Si Europa no consigue cerrar bien esta puerta, los ataques híbridos, esos que mezclan drones, sabotajes y presión política sin declarar una guerra formal, seguirán subiendo de nivel. Y eso sí lo notamos todos, aunque no nos demos cuenta.

Mi opinión

Voy a ser claro: me parece un ejemplo perfecto de por qué la burocracia europea a veces se dispara en el pie. La intención es buena, incluso necesaria. Pero tenemos un sistema heredado de otra época, pensado para casos sueltos, intentando gestionar una lista de guerra de medio millón de personas.

Lo que más me chirría no es la lentitud, es que se discuta más el como legal que el fondo del asunto. Entiendo que hay que respetar los derechos y evitar demandas, faltaría más. Pero mientras se afina la letra pequeña, la amenaza sigue entrando por la puerta con visado turístico y pasaporte ajeno.

Y ojo con el mensaje que se manda. Cuando un país bloquea una medida por miedo a su propio papeleo consular, está regalando tiempo y margen de maniobra a Putin. Eso, en mi modesta opinión, es un lujo que Europa ya no puede permitirse.

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