Dejó un sueldo de seis cifras en Google por pasteles en Francia

25/02/2026 16:45 | 147 visitas
Dejó un sueldo de seis cifras en Google por pasteles en Francia

Dejó un sueldo de seis cifras en Google por pasteles en Francia

Imagina ganar más de 100.000 dólares al año en Seattle, con un buen piso y todo resuelto, pero sentirte vacío. Eso le pasó a Valerie Valcourt, una mujer de 36 años que lo dejó todo por su pasión: la pastelería. Yo flipé cuando leí su historia, porque a veces el dinero no lo es todo.

Desde el instituto, Valerie adoraba hornear. Su profe la puso al mando de la clase y ahí nació el sueño de una escuela de pasteles. Pero sus padres dijeron que no, que la cocina no era plan. Así que se metió en el mundillo de las Big Tech, que son gigantes como Google o Amazon, empresas tecnológicas enormes donde se gana un pastón.

El agotamiento en Big Tech

Trabajó cinco años en eso, llegando a ser asistente en Google con sueldo top, bonos y acciones. Vivía en barrios chulos de Seattle, pero era un entorno de "sálvese quien pueda". Se preguntaba: "¿Qué pinto yo aquí?". Seguía horneando para amigos, y eso le daba alegría.

Aplicó a una escuela en París, la aceptaron, pero el dinero y el miedo la frenaron. Dejó Big Tech, se fue a Nueva York a un curro en una empresa de meditación que fue un estrés total. Ahí se dio cuenta: tenía que ir a por todas con la pastelería.

El programa perfecto en el sur de Francia

Buscando opciones, encontró Gastronomicon en Agde, un pueblecito playero del sur de Francia. Es un curso intensivo de tres meses: clases de pastelería, francés, prácticas en un restaurante con estrellas Michelin (que son como los Oscars de la cocina, premios a lo mejorcito) y hasta alojamiento. Todo por 10.000 dólares. Barato comparado con otros.

A los 33, con apoyo de familia y amigos, se lanzó. "No sé qué pasará después, pero lo intento", pensó. Llegó el choque cultural: no hablaba francés, en el súper señalaba cosas y pedía perdón sin parar.

De cero a repostera feliz

Clases de lunes a viernes: tres horas de francés, tres de pasteles. Temas semanales como pan, chocolate o entremets (postres multi-capa, super elaborados). Aprendió de merengues (claras de huevo batidas con azúcar hasta nieve) a pâte à choux (masa para éclairs y choux).

Tuvo síndrome del impostor, como en tech, pero sacar un bizcocho perfecto lo compensaba todo. Salió hablando francés, haciendo tartas de limón con merengue y sintiéndose viva. Ahora trabaja en cruceros de Disney y sueña con su propia pastelería.

¿Cómo te toca esto a ti?

Si estás quemado en tu curro, aunque pague bien, esta historia te da un empujón. Muestra que cambiar a los 30 o 40 no es loco, y que la felicidad suma más que el dinero. En España, con el estrés laboral, inspira a replantearte si sigues tu pasión o no. Afecta a tu bolsillo al principio, pero a largo plazo, te da paz.

Mi opinión personal

Me parece brutal. Valerie es un ejemplo de valentía, dejar Google por harina y azúcar. Yo, que he visto amigos atrapados en trabajos odiados, digo: ¡hazlo! La vida es corta, y un buen croissant en Francia vale más que mil reuniones. Ojalá más gente siga sus sueños así, el mundo sería más dulce.

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Fuente original: businessinsider.com

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