Éxodo masivo en Líbano: 700.000 huyen de misiles de Hezbolá
El terror que vacía el sur de Líbano en plena escalada bélica
Imagina despertarte con el sonido de un misil surcando el cielo. Eso es lo que pasó al amanecer del 2 de marzo en Líbano, cuando Hezbolá –un grupo armado chií muy poderoso y aliado de Irán– lanzó su primer proyectil hacia Haifa, una ciudad clave en Israel. Todo esto tres días después de que estallara la guerra entre Irán y los aliados occidentales, con ataques iniciales de EE.UU. e Israel.
En cuestión de horas, el pánico se apoderó del sur del país. Israel ordenó evacuaciones masivas y envió llamadas automáticas advirtiendo a la gente que saliera ya. Según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, conocido como UNICEF, unos 700.000 libaneses –entre ellos 200.000 niños– tuvieron que abandonar sus casas. Es un drama humano impresionante.
Recuerdos de un conflicto que no se olvida
Mucha gente temía una repetición del 23 de septiembre de 2024, cuando Israel lanzó la Operación Flechas del Norte. Aquella vez, cientos de airstrikes –o sea, bombardeos aéreos– arrasaron el sur, los suburbios de Beirut y el valle de Bekaa. Las carreteras se convirtieron en un atasco infernal que duró más de dos días.
Quienes huyeron se quedaron atrapados en sus coches, sin poder avanzar. Los que se quedaron, expuestos a los ataques. Y el gobierno libanés, ni rastro: no organizó el tráfico ni declaró emergencia. Muchos desplazados sienten que Beirut los abandonó a su suerte.
Una sociedad dividida en tiempos de crisis
La ayuda oficial llegó tarde: una semana después prometieron comidas calientes y algo de dinero, pero es gota a gota para una catástrofe así. Hay más de 120.000 personas en refugios, y la ayuda no cubre lo básico como comida, alquiler o sanidad.
Por fin, el miércoles, el Ministerio de Asuntos Sociales recibió un avión de la Unión Europea vía UNICEF: 45 toneladas de kits de primeros auxilios y suministros para niños, para 400.000 afectados. Un alivio, pero insuficiente.
Lo peor es la fractura social. Algunos libaneses abrieron sus casas, otros subieron alquileres a 2.000 dólares al mes pidiendo meses por adelantado. Hay voces pidiendo expulsar a los desplazados, culpándolos por apoyar a Hezbolá y meter al país en una guerra que no puede ganar.
Historias que duelen: el testimonio de Batoul
Batoul, de 26 años y madre de dos niños, viene de Shu'aitieh, a solo cinco kilómetros de la frontera con Israel. "El miedo no me deja desde que declararon la guerra", dice. Tardó 12 horas en recorrer 85 kilómetros hasta Kifoun, en el monte Líbano, sin poder calmar a sus hijos.
Allí, dueños pedían 1.500 dólares por una casita de tres habitaciones, más comisiones, para cuatro familias. "No tuvimos opción: o la calle o eso", cuenta. En Líbano, los precios se dan en dólares porque la libra libanesa es un desastre, volátil como el viento en crisis.
Voluntarios al rescate ante la pasividad estatal
Jóvenes como Walaa Taleb, de 23 años, no esperaron. Formaron grupos vía redes sociales para repartir comida y lo esencial. "No solo la guerra, sino el rechazo de vecinos y alquileres imposibles nos empujan", explica.
Escuelas saturadas: 500 personas en 28 aulas, separadas por plásticos. Walaa ve lo mismo que en 2024: "Una embarazada de entonces ahora trae a su bebé al mismo sitio". Reparten comidas de cocinas solidarias, pero temen que las donaciones paren si la guerra se alarga. Escuelas como Hariri en Beirut acogen 1.200 y necesitan seis ONGs diarias para comer.
¿Cómo te afecta esto a ti?
Quizá pienses que está lejos, pero no tanto. Esta guerra tensa el precio del petróleo y gas, que sube en Europa. Más refugiados podrían llegar a nuestras costas, y la inestabilidad en Oriente Medio afecta la economía global. Si viajas o importas, notarás el impacto en bolsillos.
Mi opinión sincera sobre este lío
Me parte el alma ver cómo la gente común paga el pato de decisiones políticas. Hezbolá y Israel enredados en su ciclo de venganzas, y los libaneses –ya hundidos en crisis económica– solos ante el terror. Ojalá la comunidad internacional presione por un alto el fuego ya, porque la ayuda voluntaria es heroica, pero no da para una guerra eterna. ¿Qué opinas tú?
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