China da la espalda a los rascacielos: ahora manda el barrio

23/10/2026 22:11 | 195 visitas
China da la espalda a los rascacielos: ahora manda el barrio

Durante años, China ha sido el escaparate mundial del hormigón. Torres de cuatrocientos metros, distritos enteros levantados en dos años y avenidas de ocho carriles que parecían no acabar nunca. Ese relato está cambiando. Y no lo dice un tertuliano cualquiera: lo dice uno de los economistas urbanos con más peso del país.

Ni Pengfei, director del Centro para la Ciudad y la Competitividad de la Academia China de Ciencias Sociales, ha publicado un articulo en la columna "Perspectivas de los académicos" del diario Global Times en el que viene a defender una idea sencilla y algo incómoda para su propio país: que una ciudad no se mide por sus rascacielos, sino por la vida cotidiana de la gente que la habita.

Quién es este señor y por qué importa

Para que nos entendamos: la Academia China de Ciencias Sociales (cuyas siglas en inglés son CASS) es algo así como el gran laboratorio de ideas del Estado chino en materia social y económica. No es una universidad independiente con opiniones sueltas: sus informes suelen anticipar hacia dónde van las políticas públicas.

El detalle de que Ni Pengfei tenga ademas la consideración de experto con derecho a la asignación especial del Consejo de Estado (una especie de complemento económico vitalicio que el Gobierno concede a los especialistas más destacados) deja claro que no hablamos de una voz marginal dentro del sistema.

Del cemento a la vida cotidiana

La tesis del artículo es que el desarrollo urbano debe evaluarse por cosas muy poco glamurosas: si puedes comprar verdura cerca de casa, si el niño llega andando al colegio, si el ambulatorio está a quince minutos, si el aire se puede respirar. Frente a eso, las torres de vídrio con ascensor panorámico quedan en un segundo plano.

Es un giro interesante, porque China ha vivido durante décadas una competición entre provincias por ver quién construía el edificio más alto o el centro financiero más brillante. Ese modelo ha dado ciudades espectaculares en las fotos y bastante incómodas para vivir en ellas, con barrios dormitorio gigantes y desplazamientos de una hora para ir al trabajo.

Qué es eso de la "ciudad de las personas"

El texto de Ni Pengfei se enmarca en un concepto que el Gobierno chino lleva tiempo repitiendo: la ciudad de las personas. La idea se formuló con fuerza en 2019 y viene a decir que las urbes las construyen los vecinos y se construyen para los vecinos, no para los inversores ni para los turistas de postal.

En la práctica, ese tipo de discurso suele traducirse en cosas concretas: más parques y menos aparcamientos en superficie, servicios básicos a un cuarto de hora andando, rehabilitación de barrios antiguos en lugar de derribarlos y políticas para que quien limpia una oficina no tenga que vivir a dos horas del centro que limpia.

Conviene recordar que China ha pasado en una sola generación de ser un país mayoritariamente rural a tener a la mayoría de su población viviendo en ciudades. Más de dos tercios de sus habitantes son ya urbanos. Cuando un Estado mueve a tantísima gente en tan poco tiempo, la forma de construir acaba siendo una cuestión política de primera magnitud.

¿En qué te afecta esto?

Aunque parezca un debate lejano, lo que se discute en China suele llegar a Europa con unos años de retraso. Ideas como la ciudad de los quince minutos, las calles sin coches, los aparcamientos convertidos en terrazas o las supermanzanas se probaron antes allí, en ciudades de millones de habitantes, y luego se han copiado en Barcelona, París o Madrid.

También te toca de cerca si vives en una ciudad donde el centro se ha vuelto inaccesible por el precio de la vivienda. El mensaje que se lanza desde Pekín es que el valor de un barrio lo pone quien vive en él, no quien lo compra para especular. Que luego se cumpla o no en su propio país es otra historia, pero el marco mental cambia.

Mi opinión

Me parece un discurso excelente y, francamente, cómodo: decir que lo importante son las personas no cuesta nada y queda muy bien en una columna. El examen de verdad está en si los vecinos del centro pueden seguir pagando el alquiler de su barrio después de que el barrio se convierta en el escaparate bonito que todos quieren.

Los rascacielos no son el enemigo. El problema es cuando se construyen para engordar el balance de una promotora y no para resolver la vida de nadie. Si de esta reflexión sale algo útil, espero que sea menos megalomanía y mas sentido común.

Y una cosa más: los países que presumen de escuchar al ciudadano a menudo olvidan que escuchar también implica dejarlo protestar, opinar y decidir. Ahí el modelo chino sigue teniendo una linea roja que no conviene pasar por alto mientras aplaudimos sus buenas ideas urbanas.

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Fuente original: globaltimes.cn

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