Por qué los rascacielos ya no definen una buena ciudad
La idea que cambia el debate sobre las ciudades
Hay una reflexión que lleva tiempo sonando con fuerza en China y que merece la pena entender: una ciudad no es mejor por tener más rascacielos, sino por cómo se vive dentro de ella. Esa es, a grandes rasgos, la tesis que defiende Ni Pengfei.
¿Y quién es este señor? Pues ni más ni menos que el director del Centro para la Ciudad y la Competitividad de la Academia China de Ciencias Sociales, que vendría a ser un gran organismo público de investigación, algo así como un think tank estatal donde se analizan los asuntos sociales y económicos del país. Además, cuenta con la llamada Asignación Especial del Gobierno, un reconocimiento que el Consejo de Estado chino reserva a expertos muy destacados en su campo.
Del cemento a las personas de carne y hueso
Durante años, muchas ciudades del planeta han competido por ver quién levantaba la torre más alta o el distrito financiero más reluciente. Pero Ni Pengfei insiste en que ese no es el camino correcto. Para él, lo que de verdad define una ciudad es la vida cotidiana de sus vecinos: si se puede caminar, si hay servicios cerca, si el transporte funciona o si existen zonas verdes donde sentarse.
El experto habla del concepto de ciudad del pueblo, una filosofía que en China se ha ido colando poco a poco en las políticas de desarrollo urbano. La idea, dicha rápido, es que el crecimiento de una ciudad debe servir a la gente corriente y no solo a las grandes empresas o a la foto de portada.
Traducido a lo práctico: menos postal para turistas y más aceras anchas, más colegios cerca de casa, más parques a la sombra. Vamos, lo que cualquiera pediría para su propio barrio.
¿En qué te afecta esto?
Aunque el titular venga de China, la reflexión sirve para cualquier lugar. Cuando se decide cómo va a crecer una ciudad, en realidad se está decidiendo cómo vas a vivir tú: si puedes ir andando al trabajo, si el alquiler se dispara cuando llegan los edificios nuevos o si tu barrio tiene arboles o solo asfalto. Los criterios que apliquen los gobiernos no son un tema lejano ni abstracto: moldean directamente tu día a día y el de tu familia.
Mi opinión
A mí, personalmente, me parece un discurso muy necesario. A veces se nos vende la modernidad en forma de torres de cristal y olvidamos que una ciudad es, sobre todo, la gente que la habita. Dicho esto, tampoco conviene idealizar: llevarlo a la práctica no es nada fácil y habrá que ver cuánto de esto es intención sincera y cuánto es imagen. Pero la dirección, al menos sobre el papel, creo que es la correcta. Y tambien me gusta que alguien con peso institucional lo diga en voz alta.
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