China construyo ciudades vacías con dinero de todos

24/10/2026 08:45 | 127 visitas
China construyo ciudades vacías con dinero de todos

Un montón de edificios y ni un vecino dentro

Hay imágenes que se quedan grabadas. Avenidas de seis carriles sin un solo coche. Bloques de pisos idénticos, recién pintados, con las persianas bajadas para siempre. Farolas encendidas al mediodía alumbrando una acera por la que no camina nadie. Eso es lo que en urbanismo se conoce como ciudad fantasma, un concepto que suena a película de ciencia ficción pero que existe de verdad. La clave está en cómo se llega hasta ahí. Normalmente hay un plan del Estado, una empresa pública o un gobierno regional que decide mover a mucha población de un sitio a otro. Para eso se reserva una partida presupuestaria enorme, lo que en la práctica se llaman fondos de reasentamiento, es decir, dinero público para realojar a familias que viven en zonas de riesgo o en viviendas que se quieren demoler. El problema aparece cuando ese dinero se convierte en ladrillo antes de mirar si hay alguien dispuesto a vivir ahí.

Lo que ya se avisaba hace años

No es un fenómeno nuevo, ni mucho menos. Ya a comienzos de los años 2000 los medios estatales chinos publicaban reportajes incómodos sobre comarcas donde se habían invertido sumas gigantescas para crear barrios nuevos y el resultado había sido un desierto de hormigón. Gente que había sido realojada sin transporte, sin colegios, sin mercado cerca, y que acababa volviendo a su pueblo de origen porque en el nuevo barrio no había vida posible. Al mismo tiempo, esas mismas informaciones señalaban otro problema que cabrea bastante: el proteccionismo local. Cuando un gobierno provincial prefiere tapar los fallos de sus empresas amigas antes que admitir que algo se ha hecho mal, el ciudadano se queda sin herramientas para reclamar. Y ahí no hay cemento que lo tape.

Cuando el problema no es el cemento, son los árboles

El asunto de construir a lo loco no va solo de edificios vacíos. Tiene una cara ambiental que pocas veces sale en las portadas. En la isla de Hainan, en el sur de China, la fiebre por la acuicultura llevó a llenar de estanques de camarón zonas que antes eran bosque. Al quitar los árboles que frenaban el viento, las tormentas entran hacia dentro con una facilidad escalofriante. Es lo que los expertos llaman pérdida de la barrera natural. Un bosque junto a la costa funciona como un muro que frena el viento, reduce la fuerza del agua y protege los pueblos del interior. Si lo arrasas para poner balsas de cría, ese muro desaparece. Fíjate, algo tan simple como un seto de árboles puede ahorrar millones en destrozos. Y luego está el efecto rebote: quedan alfombradas de turistas y de árboles que ya no existen al mismo tiempo. Un clásico.

¿En qué te afecta esto?

Aunque estés leyendo esto desde España o cualquier país de habla hispana, el asunto no te queda tan lejos como parece. Para empezar, China es el gran suministrador de productos básicos del mundo. Si su modelo económico se apoya en construir obra pública sin control y en planes de reubicación fallidos, eso genera deuda pública. Y la deuda pública de una potencia de ese tamaño mueve los tipos de interés a nivel global. O sea, que acaba notándose en tu hipoteca o en el precio de lo que compras. Segundo, el patrón se copia. El turismo masivo mal planificado en la costa mediterránea tiene bastante en común con esos estanques de camarón en Hainan: se impulsa el negocio rápido, se arrasa la protección natural y después las inundaciones nos pillan con el paso cambiado. Tercero, hay una lección de transparencia pública. Si los fondos de reasentamiento pueden gastarse en levantar barrios donde nadie quiere vivir, la pregunta inevitable es quién se lleva ese dinero y por qué nadie rinde cuentas.

Mi opinión sin filtros

Me cuesta ser neutral aquí. Cuando leo que se destinan sumas millonarias a mover a miles de familias y el resultado son calles vacías, no pienso en errores técnicos ni en malos cálculos. Pienso en que alguien cobró por hacerlo. Porque construir un pueblo entero mal, sin transporte y sin servicios, requiere muchísima coordinación. No es un despiste, es una cadena de decisiones donde a cada eslabón le salía rentable mirar hacia otro lado. Y lo de los árboles de Hainan me parece el resumen perfecto de cómo funciona esto. Primero se destruye el bosque para sacar rendimiento rápido. Después aparecen los culpables de siempre: la tormenta. Pero la tormenta solo entró asi porque antes alguien había dejado la puerta abierta. Lo único que me da algo de esperanza es que estas historias se hayan contado. Un país capaz de publicar sus propias vergüenzas, aunque sea en una sección perdida del periódico, tiene al menos la posibilidad de corregirlas. El silencio total es lo que hunde de verdad.

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Fuente original: xinhuanet.com

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