Israel se juega su futuro en las urnas: Netanyahu contra un exjefe militar

25/10/2026 16:45 | 116 visitas
Israel se juega su futuro en las urnas: Netanyahu contra un exjefe militar

Un país que vota con la herida abierta

El próximo 27 de octubre, los ciudadanos de Israel van a las urnas. Y no es una cita cualquiera. Es la primera vez que votan desde el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre de 2023, el fallo de seguridad mas grave en la historia del pais, y desde las guerras que vinieron después en Gaza, Líbano e incluso Irán.

Durante casi todos los últimos años, cada elección israelí ha sido un plebiscito sobre una sola persona: Benjamin Netanyahu, el primer ministro que mas tiempo ha estado en el cargo. Pero esta vez muchos israelíes dicen que la decisión pesa más que nunca. Ya no es solo quién manda, sino hacia dónde va el país.

Qué se juega realmente Israel

El gobierno saliente de Netanyahu ha sido el primero en décadas que agotó una legislatura completa de cuatro años. Y lo hizo apoyado en socios de extrema derecha y ultraortodoxos, que empujaron al país hacia una dirección mas nacionalista y religiosa que nunca.

A eso se suma algo histórico y delicado: Netanyahu se convirtió en el primer jefe de gobierno israelí en ejercicio que se sienta en el banquillo por cargos de corrupción. Mientras tanto, su ejecutivo impulsó una reforma judicial para recortar el poder del Tribunal Supremo, lo que provocó protestas enormes en 2023.

La pregunta que sobrevuela la cita electoral es sencilla de formular y difícil de responder: sigue Israel por ese camino conservador y religioso, o cambia de rumbo. Y ojo, porque la respuesta puede tardar semanas en llegar.

Cómo funciona el voto, explicado sin tecnicismos

Aquí no se vota a personas concretas, sino a listas de partido cerradas. El parlamento israelí se llama Knesset y tiene 120 escaños. Para entrar hay que superar un umbral mínimo del 3,25 por ciento de los votos. Traducido: si un partido se queda por debajo, se queda fuera y esos votos se van literalmente por el sumidero.

Este año se han registrado 37 listas, aunque las encuestas apuntan a que entre 11 y 13 partidos lograrán escaños. Los asientos se reparten de forma proporcional, así que el reparto final es un puzle complicado.

Los dos nombres propios de la campaña

Los dos partidos mas grandes son el Likud, la formación de derechas de Netanyahu, y Yashar, un partido nuevo de centro liderado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del ejército y convertido en su principal rival.

La última encuesta del Canal 12 coloca a Eisenkot primero con 23 escaños, por delante de los 21 del Likud, aunque otros sondeos dicen lo contrario. En el Canal 14, mas afín al primer ministro, el Likud sacaría 30 y Eisenkot unos 20. Eso sí, cuando se pregunta cara a cara quién es mejor primer ministro, el exmilitar lleva ventaja de forma constante.

Pero ganar no es lo mismo que gobernar. Para formar ejecutivo hacen falta 61 escaños y ningún partido ha logrado esa mayoría en solitario en toda la historia del país.

El bloque de Netanyahu no llega y la oposición está rota

El bloque de Netanyahu, formado por el Likud, los dos partidos de ultraderecha de Bezalel Smotrich e Itamar Ben-Gvir y dos formaciones ultraortodoxas, se mueve entre los 49 y los 55 escaños. Le falta para los 61.

La oposición parece fuerte sobre el papel, pero esta muy fragmentada. Eisenkot tiene a su derecha a partidos de Naftali Bennett (ex primer ministro) y Avigdor Liberman (ex ministro de Defensa), y a su izquierda a los Demócratas de Yair Golan. Ni Bennett ni Liberman le han dado su apoyo, y ambos sueñan con su propio turno en el cargo.

Con este panorama, cualquier gobierno alternativo necesitaría el respaldo o la abstención de los partidos árabes, y varios líderes opositores ya han descartado cooperar con ellos.

Los escenarios posibles (y ninguno es limpio)

Sin mayoría clara, todo está sobre la mesa: un bloqueo total, un gobierno en minoría, un ejecutivo de unidad nacional o, directamente, otras elecciones. La noche electoral probablemente aclare poco y el verdadero pulso llegue después, en las negociaciones de coalición, que pueden durar días, semanas o meses.

Al final todo puede depender de detalles pequeños. Qué partidos pequeños superan el umbral del 3,25 por ciento y cuántos votos se pierden en formaciones que se quedan fuera del Knesset. Unos miles de papeletas pueden decidir si un partido desaparece o se convierte en el socio capaz de romper el empate entre bloques.

La participación será clave. Los ciudadanos palestinos de Israel representan en torno al 20 por ciento de la población y tradicionalmente votan menos. En 2022 su participación fue del 53,2 por ciento, frente al 70,6 general. Ahora se espera que supere el 60, lo que subiría el listón y complicaría la supervivencia de las formaciones mas pequeñas.

¿En qué te afecta esto?

Puede parecer un asunto lejano, de telediario y sobremesa. Pero no lo es tanto. Israel es un actor central en el equilibrio de Oriente Próximo, una región de la que depende buena parte del petróleo y el gas que mueven la economía mundial. Cuando hay tensión ahí, se nota en el precio de la energía y, de rebote, en la cesta de la compra y en la gasolinera.

Además, la dirección que tome el país influye en la intensidad de los conflictos abiertos, en la relación con Estados Unidos y Europa, y en la estabilidad de las rutas comerciales. Si el resultado es un bloqueo político prolongado, el país puede quedar en modo interino durante meses, con menos capacidad de decisión en asuntos que afectan a medio mundo.

Y hay un detalle que interesa a cualquiera que siga la actualidad: en estas elecciones se juzga por primera vez la gestión política del 7 de octubre. Eso marca precedente y manda un mensaje sobre cómo se rinden cuentas en democracia tras un fallo de seguridad de esa magnitud.

Mi opinión

Visto desde fuera, da la sensación de que Israel lleva años atrapado en una especie de bucle electoral del que no consigue salir. Y esta cita no parece la excepción. Lo lógico sería pensar que después de un golpe tan duro como el de 2023 la sociedad buscaría un cambio claro. Pero las encuestas dibujan un país partido casi por la mitad, donde nadie gana del todo y todos pueden bloquear.

Lo que mas me llama la atención es el desgaste de una figura como Netanyahu, que sigue ahi después de un juicio por corrupción, de protestas masivas y del fallo de seguridad mas grave de su historia. Eso dice mucho de la fortaleza de su base electoral y de lo poco que se fía la gente del resto de alternativas.

También creo que hay un factor que se pasa por alto: el sistema político israelí, con su umbral del 3,25 por ciento y su reparto proporcional, está diseñado para que los partidos pequeños tengan muchísimo poder de negociación. Eso, que en teoría suena democrático, en la practica convierte cada elección en un mercadeo de escaños donde el elector siente que su voto vale menos de lo que le gustaría.

Resumiendo mi impresión: no espero una noche electoral que aclare el futuro, sino el arranque de otro capitulo de negociaciones eternas. Y mientras tanto, quien de verdad paga las consecuencias son los ciudadanos que viven con la incertidumbre pegada a la espalda.

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Fuente original: edition.cnn.com

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