Lo que llevamos de campaña electoral en Estados Unidos está siendo, cuanto menos, sorprendente. Y no solo por los mítines, sino por lo que se dice en ellos. El expresidente y candidato republicano, Donald Trump, ha defendido los altos precios de la gasolina con un argumento que ha dejado a más de uno con la boca abierta: según él, el pais está "haciendo una fortuna absoluta" con la guerra de Irán.
Un mitin, dos ciudades y una promesa que no termina de llegar
El discurso tuvo lugar en un mitin en Lubbock, en Texas, durante la noche del martes. Allí, Trump aseguró que la producción de petróleo está en máximos históricos y que el país nunca había ganado tanto dinero. "Hace siete meses comenzó la guerra", recordó ante su público, dando a entender que ese conflicto es el motor de las ganancias.
Eso sí, cuando le preguntaron si no le parecía un poco cruel decir que el país gana dinero mientras la gente paga más en el surtidor, el presidente se apresuró a prometer que los precios "van a bajar muy rápido, de verdad". Una frase que ya hemos escuchado antes y que, por ahora, no se ha cumplido.
Los números reales del precio de la gasolina
Vayamos a los datos, porque conviene poner las cifras sobre la mesa. Según la AAA (la Asociación Americana del Automóvil, una especie de club de conductores que mide los precios del combustible cada día), el precio medio nacional de la gasolina ronda ahora los 4,27 dólares por galón. Ojo, un galón equivale a unos 3,8 litros, así que no se asusten si la conversión a euros por litro no sale como esperaban.
El diésel, que es el combustible que usan los camiones y gran parte de la maquinaria agrícola, está en 6,35 dólares por galón, un poco por debajo del máximo histórico de 6,52 que se alcanzó a finales de septiembre. Una barbaridad en toda regla.
Para que se hagan una idea del salto: en enero, el galón de gasolina normal costaba 2,81 dólares. Hoy está en 4,27. Casi se ha duplicado en menos de un año. El pico histórico de la era reciente fue de 5,02 dólares en junio de 2022, cuando estaba en el poder el demócrata Joe Biden.
El truco venezolano y el petróleo "gratis"
Durante la misma jornada, Trump presumió de otro logro: la llegada del primer barco con petróleo venezolano a un puerto de Texas. Según contó, en enero ordenó a las fuerzas armadas capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y poner en su lugar a su número dos, Delcy Rodríguez. En agosto anunció un pacto por el que Estados Unidos se quedaría con una quinta parte del crudo del país sudamericano, y este martes por fin llegaba el primer cargamento.
"A ver ese barquito de ahí fuera, tiene un millón de barriles de petróleo de Venezuela. Estamos celebrando la mayor victoria petrolera de la historia. Al vencedor le pertenece el botín, ¿no?", declaró el candidato ante sus seguidores. Y añadió que ese crudo llega sin coste alguno para el contribuyente estadounidense.
Suena bien, pero conviene matizar: ese petróleo no es exactamente gratis, sale de un acuerdo político muy complejo y de una intervención militar en toda regla. Los precios, mientras tanto, siguen muy por encima de los 4 dólares en buena parte del país.
El problema político que se le viene encima
Y aquí está el verdadero lío. La guerra de Irán, ese "pequeño desvío" en palabras del propio Trump, se ha alargado ya casi ocho meses. Recordemos que al principio el presidente prometió que duraría "unas pocas semanas". Estas declaraciones ya le están pasando factura en las encuestas, sobre todo de cara a las elecciones legislativas del 3 de noviembre.
De hecho, el fiscal general de Texas y candidato republicano al Senado, Ken Paxton, fue pillado hace poco en un audio filtrado por Axios en el que reconocía abiertamente lo que le está hundiendo la campaña: "No son los aranceles. Es la guerra, es la gasolina, es el diésel".
En Iowa, otra candidata republicana, Ashley Hinson, ha admitido sentirse "nerviosa" por el acuerdo con Vladimir Putin (presidente de Rusia) para importar diésel ruso durante seis meses. Ese pacto, cuanto menos, resulta llamativo: la administración Trump ha emitido licencias temporales para meter combustible ruso en el país. Toda una ironía después de años de sanciones.
Hinson ha propuesto otras soluciones: invertir en las refinerías estadounidenses (que según ella están "abandonadas"), una pausa temporal en el impuesto de la gasolina y un programa de devolución del diésel para agricultores y camioneros.
¿En qué te afecta esto?
Si vives en Estados Unidos, esto te toca directamente en el bolsillo. Cada vez que llenas el depósito, esa diferencia de casi un dólar y medio por galón respecto a enero se nota. Un depósito familiar de 15 galones (unos 57 litros) pasa de costar unos 42 dólares a más de 64. Si tienes un negocio de transporte, una explotación agrícola o simplemente usas mucho el coche, el diésel a 6,35 dólares por galón te obliga a recalcular todos los presupuestos.
Si vives en España o Latinoamérica, la cosa también te salpica. El petróleo es un mercado global: cuando Estados Unidos entra en una guerra en una zona clave como es el estrecho de Ormuz (por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial), los precios internacionales tiemblan. Y eso, tarde o temprano, llega a la gasolinera de tu barrio. Además, la presión inflacionista global puede notarse en el precio del transporte, la comida y casi todo lo que se mueve en camión.
Mi opinión
A mí, personalmente, me llama la atención lo fácil que es decir que "el país está haciendo una fortuna" cuando quien lo dice es millonario y no mira el recibo del surtidor todos los días. Entiendo la lógica de Estado: a nivel macro, una nación productora de petróleo puede beneficiarse de los precios altos. Pero mezclar eso con una guerra y llamarlo "victoria" suena más a discurso de mitin que a realidad económica.
La pregunta incómoda es la de siempre: ¿quién se beneficia de verdad? Porque las grandes petroleras han visto dispararse sus beneficios, sí, pero el conductor de a pie no ha visto ni un céntimo de esa "fortuna". Al contrario, la paga en el surtidor. Y prometer que los precios "bajarán pronto" sin dar una fecha concreta suena, más que nada, a salir del paso.
Ojalá me equivoque, de verdad. Pero mientras tanto, toca apretarse el cinturón, compartir coche y rezar porque el estrecho de Ormuz siga tranquilo.